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Durante tres veranos seguidos, Blitzcrank pim pam pompa ha arrasado en las tiendas, volviendo locos a peques y mayores por igual. A los niños les encanta abofetearse con sus manos pegajosas y llenarlo todo de pegatinas y burbujas mientras que los padres se quejan de los desastres que dejan a su paso. Y, a pesar de todo, Blitzcrank no deja de sonreír.