Durante el alba de la creación, un dragón de poder inconmensurable protegía el mundo. En su sabiduría infinita, fabricó doce reliquias de porcelana que albergarían la energía cósmica de todas las leyendas del Zodíaco, incluida la suya. Esos artefactos fueron otorgados a los descendientes de esas leyendas, quienes tendrían que pasarlos de generación en generación para que el legado de sus linajes estelares fuese recordado por siempre.